Motherland. Virginia Mosquera

Acabo de terminar un libro muy divertido que, aunque me regalaron hace bastantes meses ya, no he terminado hasta ahora.

Como podéis intuir por su título, trata sobre la maternidad, aunque también (de una manera más gráfica y aprovechando ese matiz tan british de la gran palabra en sí –motherland y no motherhood-), sobre ese gran espacio ¿físico incluso? que ocupa esta nueva etapa en nuestras vidas.

Sí, es una situación en la que todo es una montaña rusa de momentos intensísimos de felicidad, dudas, cansancio… y todo está explicado con tanto humor y verdad, que además de sentirte identificada en multitud de situaciones, te lo pasas en grande por lo ameno de la escritura de Virginia Mosquera (lo podéis comprobar también en su blog  mamiferasalbordedeunataquedenervios )

El libro está escrito como una carta de la autora a su hija mayor, que tiene en esos momentos cuatro años y además de toda la ternura que podéis imaginar que desprende el texto cuando Virginia se dirige a su hija, Motherland constituye todo un canto a la sororidad, palabra que he aprendido leyendo este libro.

La sororidad es una palabra que se emplea para nombrar a la solidaridad entre mujeres dentro de un contexto de discriminación sexual y patriarcado. Miguel de Unamuno ya planteó la necesidad de contar con un término equivalente a la palabra fraternal (del latín “frater”, hermano) que relacionara a las hermanas – Antígona era soror, hermana, por eso no habría necesidad, decía él, de inventar una palabra que no hay en castellano. Ya estaba “sororidad” y “sororal”, esto es, la hermandad femenina-. Interesante, ¿verdad?

 Además hay muchas referencias musicales y lo bueno es que las puedes escuchar en la playlist Motherland  en Spotify… ¡es un libro totalmente recomendable!

Libro del desasosiego. Fernando Pessoa

“Te tengo que mandar un párrafo muy interesante sobre música que he encontrado en un libro. A ver si luego…” me decía mi amiga Inma.

António Nogueira Pessoa, más conocido como Fernando Pessoa (1888-1935) fue un poeta y escritor portugués.

Pessoa publicó bajo varios heterónimos (personalidades distintas en las que se iba “desdoblando”) de los cuales los más importantes son Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis…

El Libro del Desasosiego se presenta como la autobiografía de Bernardo Soares y consta de más de quinientos fragmentos de diario, textos y reflexiones sobre cuestiones cotidianas y filosóficas que Pessoa redactó entre los años 1913 y 1935, fecha en la que falleció.

“Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumentos tañe o rechina, cuerdas y harpas, timbales y tambores, dentro de mí. Sólo me conozco como sinfonía”.

(LIBRO DEL DESASOSIEGO. FERNANDO PESSOA. ENTRE 1913 Y 1935)

 

 

Gracias siempre Inma


  

La canción más bonita. E.M.

Este texto que os dejo aquí nos habla del poder que tiene la música para acompañarnos en momentos en que la soledad nos acecha, de cómo la música nos hace sentimos vivos, de cómo nos hace más humanos…

Así nos explica su autora, Estela Mª Tovar Martín (E.M.), su afición por las letras: “Siempre he tenido una gran pasión por la literatura, y con el tiempo comprendí que ésta era la mejor forma de expresarme y de completar huecos de otras personas con mis palabras. Quizá lo haya conseguido, o puede que no… pero no dejaré de intentarlo”.

E.M. comparte con nosotros estas palabras, son oscuras y a la vez luminosas, silenciosas y a la vez musicales… 

La canción más bonita

Ella se sentía triste, aunque parecía despreocupada, la música la ayudaba. Eso la motivaba, la hacía sentir más humana, puede que llorara.

Pero por ello era más humana. Las melodías escuchaba mientras la sonrisa sobrellevaba, la luna la apoyaba cuando la noche se revelaba. Los truenos retumbaban y los relámpagos caían, gran sonido, triste melodía.

Entonces ella se fijó en que quizás era como una tormenta, tan llena de ruido, llena de demonios alborotadores, de oscuridad y sobre todo llena de lágrimas.

Tenía un gran vacío que llenaban esas melodías, pero hasta su suspirar parecía música. Su andar… podría pasar horas escuchando su manera de existir.

Aunque para ella era el mayor desastre del mundo, para mí era la canción más bonita que jamás podría oir.

 

E.M. vive en Iznate

Beethoven ante el televisor. José Hierro

Esta entrada es aportación de mi compañero y amigo Rafael Ávila, del que pronto incluiré también alguno de sus poemas. 

El que compartimos hoy es de José Hierro (Madrid, 3 de abril de 1922 – 21 de diciembre de 2002) y pertenece a su obra “Cuaderno de Nueva York” de 1998. En este mismo año le fue concedido el Premio Miguel de Cervantes. 

 

 

¿Os imagináis a Beethoven paseando por el Lincoln Center?

 

 

 

 

BEETHOVEN ANTE EL TELEVISOR

El alemán de Bonn identificaba 
todos los sones de la naturaleza:
el del mar, el del río, el del viento y la lluvia,
el canto del ruiseñor, el de la oropéndola, el del cuco.
Un día, cantó un ave, y él no oía su canto:
Fue la primera señal de alarma.

Luego avanzó implacable la sordera
hasta desembocar en la noche de los sonidos.
Compuso, desde entonces, imaginándolos.
Nunca pudo escuchar su misa en Re,
sus últimos cuartetos, su última sinfonía.

Luis Van Beethoven murió en mil ochocientos veintisiete
(es lo que piensan los desinformados),
pero yo le he visto en el Lincoln Center.
Fue en los años noventa. Ocupábamos
asientos contiguos. Yo lo reconocí
por su expresión huraña y tierna y feroz.
Y también por el desaliño de que nos hablan sus biógrafos.
Escribí en mi programa estas palabras:
«Excelente concierto». Y él asintió:
«No se moleste en escribir, oigo perfectamente».

Después, en el descanso, hablamos de su música,
(sin duda se dio cuenta 
de que acababa de reconocerlo.)
Avisaron que había que volver
a las sala para escuchar el plato fuerte,
La Novena. Pero él, van Beethoven,
dio medio vuelta y se marchaba.
«Pero, ¿precisamente ahora?» le pregunté,
«Yo regreso al hotel. Voy a escuchar
la novena Sinfonía en el televisor,
la transmiten en directo », contestó.
«¿Me permite que le acompañe?», dije
Y se encogió de hombros.

Pues aquí acaba todo.
Nos sentamos ante el televisor.
Escuchamos el golpe de batuta
sobre el atril. Silencio. Y la orquesta rugió.
Entonces, Ludwig van Beethoven
se levantó y apagó el sonido.
Ahora sí que el silencio era absoluto.

Canturreaba a veces, levantaba la mano
para indicar la entrada a los timbales
en el Scherzo. Lloró con el adagio,
enardeció cuando cantaba el coro
las palabras de Schiller.

Yo nunca podré oír, nadie podrá
lo que él oía. Finalizó el concierto.
Fue entonces cuando se levantó,
y se acercó al televisor,
recuperó el sonido.
Las cámaras enfocaban ahora
al público enardecido.
Van Beethoven oía, en mil novecientos noventa,
los aplausos que no podía oír en Viena,
en mil ochocientos veinticuatro.
BEETHOVEN ANTE EL TELEVISOR (CUADERNO DE NUEVA YORK. 1998. JOSÉ HIERRO)

 

22 de Junio de 2017

Esta segunda entrada va a ser un poco especial porque no voy a transcribir el texto que debería acompañarla. Así empezaba:

“Esta historia comienza un 16 de septiembre de 2013…”  El resto me lo reservo para mí.

Sólo quería dar las gracias desde aquí a mis alumnos y alumnas de 4º de ESO (“mi gran piña” ;D ) por emocionarme con esas palabras tan bonitas que me dedicaron y por recordarme que, gracias a  personas como ellas, esta profesión vale la pena.

No lo olvidaré nunca.  22 de junio de 2017.

Os deseo lo mejor en el nuevo camino que comenzáis, y no me cabe duda de que os irá bien en la vida porque, ante todo, sois buenas personas.

¡¡Muchas suerte!!

Jazz. Joan Margarit

Aquí os dejo la primera aportación de mi amiga Inma Díaz. Se trata de un poema de Joan Margarit (Sanahuja, Lérida, 1938):

“Este poeta es muy sensible y me toca el corazón. Es un arquitecto que se ha pasado la vida haciendo cálculo de estructuras y poesía al mismo tiempo. Creo que ese hijo del que habla ahora es músico de jazz”. 

JAZZ

   Nosotros lo llevamos a su primer concierto.

Permaneció muy quieto entre los dos.

El saxofón y el piano quedaron bajo el foco.

                                                          Dentro de la penumbra noté en sus ojos tímidos

                                        el centelleo de los instrumentos.

                                          La razón más profunda de la música

                                        será su abrigo contra el desamparo.

                                                Le quedará el calor de aquella hermana muerta.

                                            Y nuestra compañía. En todos los conciertos.

                                         JAZZ  (SE PIERDE LA SEÑAL. 2012. JOAN MARGARIT) 

Gracias!

Música de mierda. Carl Wilson

 No os asustéis por el título del libro.

Acabo de terminarlo por fin y se trata de una especie de ensayo sobre el “buen gusto musical” que algunos creemos/creen 😉 tener. El autor, Carl Wilson, un crítico musical canadiense, toma como objeto de su estudio a la cantante canadiense Cèline Dion, en concreto su álbum Let´s talk about love donde se incluye su famosísima My heart will go on, banda sonora de la película Titanic. 

Wilson, curioseando en internet sobre cuáles eran las músicas menos “profundas” de escuchar, encontró que casi todas tenían en común canciones de la intérprete quebequense.

¿Por qué la gente critica tanto su música y sin embargo año tras año acaba las entradas diarias de su espectáculo en Las Vegas? ¿Por qué se le acusa de sensiblera, de hacer música ñoña y sin embargo vende millones de discos?

El libro es entretenido. Hay entrevistas con fans de la cantante contestando preguntas bastante incómodas que llegan a ser graciosas, sin embargo, a mí me ha parecido demasiado enfocado en esta artista, aunque sólo sea la excusa para reflexionar por qué algunos nos creemos tener mejor gusto musical que otros. ¿Es simplemente porque no nos gusta lo que a la mayoría?

¿Tú qué crees?

Málaga 451: La noche de los Libros

Anoche se celebró en el Centro Cultural La Térmica de Málaga la 3ª edición de “La noche de los Libros” con más de 8 horas de programación con autores de la talla de Michel Houellebecq, James Rhodes, Thurston Moore, Nuccio Ordine, Fernando Aramburu o Marwan.

Hubo exposiciones, recitales, diálogos, conferencias etc. que tuvieron como protagonistas a escritores como William Burroughs, Gloria Fuertes, Miqui Otero, Fernando Aramburu,  la saga de Harry Potter…  

El edificio en sí, un antiguo orfanato, lleno de pasillos, estancias, jardines, ya añadía un poderoso encanto  al universo literario que allí se mascaba, pero si a eso le añadimos que por allí paseaban y curioseaban autores de la talla de los más arriba mencionados… pues…¡qué os voy a decir! ¡Más interesante aún!

Os dejo unas fotos del trofeo de la noche, una dedicatoria del mismo James Rhodes en mi ejemplar de “Toca el Piano” … Mi admirado pianista 😉 dialogó con la periodista musical y escritora Silvia Grijalba sobre la relación  entre la música y la literatura y el poder curativo que tiene la cultura en general (y la música en particular).  

Álvaro, Pachu y Elena, gracias! Rafa, gracias también a tí.

Cosas que los nietos deberían saber. Mark Oliver Everett

 

Este libro podría clasificarse como autobiografía, pero, como le sucede a “Instrumental”, también es mucho más.

Mark Oliver Everett, cantante del grupo Eels, nos cuenta su vida, nos habla de su familia, de su pasión por la música…pero también  de los desgraciados hechos que fueron siempre acompañándolo desde que era adolescente. Es un libro que se lee del tirón, vibrante, lleno de anécdotas, historias y reconciliaciones. Si ya conocéis su música, enhorabuena, y si no…¡aún estáis a tiempo! Editado en Blackie Books.

Toca el piano. James Rhodes

“Interpreta a Bach en seis semanas”. Ese es el reto.

¿Es eso posible sin saber nada de música? Bueno, hay que decir que la obra que nos propone Rhodes es el Preludio nº 1 en Do M BWV 846 y que si le ponemos empeño y hacemos caso de todas sus indicaciones, yo creo que, efectivamente, se puede tocar esa obra. Ahora bien, como dice el propio autor, “esa obra”, no otra…;)

Es un libro curioso, está bien explicado y, sobre todo y lo que más me gusta, es otro empujón hacia la democratización de la música clásica como algo para la gente normal y corriente, nada de estirados o raros. El libro viene con una partiturita muy graciosa con la digitación para las dos manos puesta por el propio autor.

 


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