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Música Española hasta el siglo XIX

En este tema vamos a conocer la historia de la música española empezando por la Edad Media, donde ya encontramos algunos composiciones musicales que se conservan aún en algunas iglesias o catedrales, hasta el siglo XX, época en la que conoceremos a músicos españoles que serán famosos a nivel mundial, como el gaditano Manuel de Falla.
Características generales:
Podemos afirmar que la historia de la música española tuvo su esplendor en la Edad Media y en el Renacimiento, donde íbamos a la par de los países europeos en cuanto a nivel musical se refiere. Sin embargo, a finales del Renacimiento, debido a la Contrarreforma Católica que cerró el paso a todas la influencias extranjeras que nos podían haber llegado y podían haber enriquecido nuestra música, esta circunstancia hizo que nos quedáramos aislados y atrasados y mientras el resto de Europa iba aportando grandes músicos, nosotros nos quedamos relegados a un segundo plano desde el punto de vista musical.
Empezaremos por la Edad Media (siglo V al XIV). En la Edad Media, España era un importante centro de actividad musical: por un lado, gracias a la invasión musulmana, la corte de Sevilla fue muy importante y fue famosa por su esplendor cultural y la excelencia de su música. Teníamos también canto gregoriano en Toledo, y también se hacía polifonía (canto formado por varias melodías distintas que sonaban a la vez) que se recogía en grandes libros, los códices, de los que encontramos muchos ejemplos, como el Códice Calixtino, que se encuentra en la catedral de Santiago de Compostela. Toda esta música de la que hemos hablado se hacía en latín, que era la lengua oficial de la iglesia, pero como también se hacía música profana (esto es, la que no es religiosa), también tenemos música hecha en otras lenguas que no eran el latín, sino las lenguas vulgares que estaban surgiendo, como las Cantigas de Santa María, del rey Alfonso X el Sabio o las Cantigas de Amigo, del trovador gallego Martín Códax.
En el Renacimiento (siglo XV y XVI), nuestra música siguió su buen camino pues tuvimos a reyes que se encargaron de que en su corte sonara la mejor música y no dudaban en traer a músicos europeos para que trabajaran con nuestros artistas. Un ejemplo de esto fueron los Reyes Católicos o Carlos I. En música religiosa tuvimos a músicos tan excepcionales como Tomás Luis de Victoria, autor de obras polifónicas de indudable belleza, y en música profana, creamos un género nuevo, el villancico, que en esta época nada tenía que ver con las canciones navideñas, sino que designaba a la “canción del villano” esto es, el que vivía en las villas, los campesinos, aunque se cantaban en la corte. Juan del Enzina destacó como gran compositor de villancicos.
Además, por primera vez se hizo en esta época, el renacimiento, música para instrumentos solos, sin que sonara la voz, música instrumental, y los músicos compusieron obras para vihuela, que es un instrumento parecido a la guitarra y que dio lugar a ella, y para órgano, donde destacó Antonio de Cabezón.
Sin embargo, como se ha citado antes, hasta aquí llegó el esplendor de nuestra música. Durante el reinado de Felipe II, debido a la Contrarreforma Católica, se cerraron todas las puertas a cualquier influencia exterior, con lo que nuestra música poco a poco fue decayendo y quedándose atrás con respecto al resto de Europa.
Pues bien, llegamos al Barroco (siglo XVII hasta mediados del XVIII aproximadamente). Efectivamente, esta no es una buena época para nuestra música. Si el barroco es el siglo de Oro para nuestra literatura (Lope de Vega, Calderón de la Barca), en lo que concierne a la música, estamos bastante de capa caída. La música religiosa sigue siendo igual que la que se hacía en el renacimiento, y la música instrumental se compuso sobre todo para la iglesia, haciéndose sobre todo para órgano, con músicos como Francisco Correa de Araujo y para guitarra, pues éste instrumento había ya desplazado a la vihuela que ya no se usaba, destacando Gaspar Sanz. Sin embargo, tenemos una novedad que sólo arraigó en España: la zarzuela. Como la ópera italiana, que estaba de moda en el resto de Europa, no acabó de asentarse en nuestro país, nosotros creamos una especie de teatro musical cortesano, que en esta época trataba temas mitológicos y que alternaba escenas habladas con escenas cantadas. Estas representaciones comenzaron en el palacio de la Zarzuela (llamado así por el gran número de zarzas que había) en las afueras de Madrid y la primera zarzuela fue El Laurel de Apolo con texto de Calderón de la Barca y música del Juan Hidalgo.
Poco a poco, a medida que ya nos metíamos en el siglo XVIII, esta zarzuela fue dejando atrás ese carácter serio y esos temas mitológicos para pasar a ser más popular y entretener a un público más amplio, llamándose en estos casos, tonadilla, y representándose en corrales de comedia y teatros de Madrid. Destacamos a José de Nebra como autor de estas zarzuelas del XVIII.
Debemos destacar a dos músicos italianos que vivieron en España en el siglo XVIII y que por lo menos nos dejaron una música instrumental que dejaba

ver algo de influencia italiana y que era de gran calidad: son Domenico Scarlatti y Luigi Boccherini.

Después del barroco, el resto de Europa estaría en el Clasicismo, esa época que ocupa la segunda mitad del siglo XVIII (desde 1750 hasta 1800 aproximadamente) y que cuenta entre sus músicos más famosos a Haydn, Mozart o Beethoven. Pues bien, en España no tuvimos un clasicismo pleno, sino que hemos englobado en la época anterior estos últimos años del siglo XVIII y es por eso por lo que pasamos ya directamente al Siglo XIX.
El siglo XIX en el resto de Europa se llamó Romanticismo, pero en España, debido a circunstancias como la Guerra de la Independencia, más el período de agitación política posterior, volvimos a quedar atrasados sin una vida musical propia hasta el último tercio de este siglo, por lo que todo lo que significó el término “romántico” en la música europea, quedó un poco sin sentido para los españoles del XIX.
El siglo XIX:
En el siglo XIX, como se ha mencionado antes, España quedó retrasada con respecto a las corrientes artísticas que se iban viendo en Europa, como el Romanticismo, ya que vivíamos épocas agitadas en nuestra política, debido a la Guerra de la Independencia y los cambios que vinieron después. Tuvimos a un gran compositor, Juan Crisóstomo de Arriaga, que prometía ser un “Mozart español” dado su talento precoz, llegando a componer algunas obras de gran calidad, pero que ante el panorama que había en España, se tuvo que ir a París a seguir su carrera musical. Sin embargo murió muy joven, sólo con 20 años.

Además de Arriaga, tenemos que reconocer la fama internacional que adquirió como violinista Pablo Sarasate, y el guitarrista Fernando Sor o Francisco Tárrega, que situaron a este instrumento (la guitarra) en la sala de concierto, y dándole la categoría que merecía. Marcial del Adalid fue un gran pianista discípulo de Chopin que también merece ser señalado.
Los intentos de hacer en España una ópera nacional resultaron fallidos, pero lo que sí resurgía con fuerza era la zarzuela, con autores como Francisco Asenjo Barbieri, autor de obras muy conocidas, como “El Barberillo de Lavapiés”. A finales del siglo XIX surgió el Género Chico, que, como la zarzuela grande, mezclaba los diálogos con la música, sólo que en un solo acto y con un estilo más popular. Aquí debemos mencionar a autores como Ruperto Chapí, autor de “La Revoltosa”, Federico Chueca, autor de “La Gran Vía” y Tomás Bretón, autor de “La verbena de la Paloma”.
Para terminar, antes de acabar el siglo XIX en España tenemos que hablar de “nacionalismo”. Felipe Pedrell fue un compositor que además se encargó de investigar nuestro pasado musical y en su manifiesto “Por nuestra música” pidió que hiciéramos una música de verdadera calidad, no sólo haciendo melodías basadas en nuestro floklore como las jotas, las sevillanas etc. sino que, aprovechando esta gran tradición cultural que siempre había tenido España, aprovecháramos esto para hacer obras de calidad artística, pues teníamos a músicos tan buenos como los que había en el resto de Europa.
Pues bien, estas indicaciones fueron seguidas por sus tres discípulos, Isaac Albéniz, Enrique Granados y Manuel de Falla, que, sobre todo este último, hicieron que después de tantos siglos de “sequía” cultural española, nuestro país volviera a aparecer como uno de los más importantes por el nivel

musical que tenían nuestros artistas, llegándose a poner de moda España para el resto de Europa.
De Albéniz vamos a señalar una obra para piano “Iberia” donde hace un recorrido por medio de la música de varias ciudades españolas, describiéndolas con gran belleza. De Granados destacaremos su obra “Goyescas” para piano también, dedicadas al pintor español, y de Falla se hablará más detenidamente en el tema siguiente dada la repercusión que tuvo a nivel mundial, siendo uno de los músicos más importantes de la historia de la música.

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