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James Rhodes en el festival Terral de Málaga

James Rhodes es un pianista que se ha hecho muy conocido últimamente por haber escrito un libro sobre sus memorias y las traumáticas experiencias que sufrió en su niñez. Pero Rhodes no es un pianista más. Si leéis sus libros y escucháis, o mejor, véis sus interpretaciones, os daréis cuenta de que su actitud no es ni mucho menos la del “intérprete clásico” a la que estamos acostumbrados. Su manera de ver la música clásica es la misma que tendría ante cualquier otro tipo de música, nada de estereotipos como el que se trata de un tipo de música para mayores, gente de conservatorio o gente rara… James Rhodes vive la música clásica con la intensidad y el subidón que nos produce cualquier buena canción de otro estilo.

Cuando escribí este invierno esta entrada, os dejé su interpretación al piano de la versión para clave que hizo el gran Bach  del concierto para oboe de Marcello, aunque os insistí en que si queríais ver, y no solo escuchar una auténtica “master class” de música clásica en directo,  debíais visitar algún vídeo donde explique lo que está interpretando.  

Pues bien, anoche James Rhodes fue el encargado de cerrar el Festival Terral de Málaga y,  con el teatro Cervantes prácticamente lleno,  pudimos asistir a una maravillosa saturación de notas, de escalas y sucesiones de acordes imposibles, pero sobre todo, fuimos testigos de cómo la música cura, de cómo la música te hace más feliz, de cómo ese piano (según él mismo nos confesó, si no lo entendí mal, de 170.000 €) llenaba de sonido el teatro y a la vez lo enmudecía. 

    El programa no se conocía. Rhodes nos lo fue descubriendo a medida que iba presentando su selección, aunque ya sabíamos que no iba a faltar Bach (la primera obra que interpretó de este autor fue la 1ª Partita BWV 825). Hubo momentos muy emotivos, como cuando presentó la Balada nº 4 en Fa m Op. 52 de Chopin, romanticismo en estado puro. Y luego Bach otra vez, como él mismo dijo, “el comienzo y el final de todo”… y los bises… maravillosos.

No os voy a desgranar el contenido del programa, no hace falta, eso es lo bueno. Él os lo explicará con un acento británico bastante asequible -aunque está aprendiendo castellano “despacito”, como él mismo nos cantó (sí, cantó) desde que se mudó a vivir a Madrid-.

Al igual que en la noche de los libros, cuando vino a La Térmica, volvió a ser amabilísimo en el trato con la gente (sí, lo sé, me volvió a firmar el mismo libro, qué más da :D) 

 

El último de los bises: la preciosa versión BWV 974 del Adagio del Concierto para oboe de de Alessandro Marcello, el vídeo que dejé hace meses.

 

 

 

 

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