IMPRESIONISMO MUSICAL

 

Al terminar el siglo XIX, algunos compositores siguieron escribiendo en un cálido estilo romántico, utilizando principalmente técnicas tradicionales y características nacionales. Pero muchos otros, en clara reacción contra el Romanticismo tardío, al que consideraban pasado de moda y excesivo, prefirieron buscar nuevas direcciones. De esta manera, explorando y experimentando, se fueron creando nuevos estilos, nuevas tendencias, nuevas técnicas y, en algunos casos, sonidos completamente nuevos.
De esta diversidad surgió uno de los movimientos más importantes de la primera mitad del siglo XX: el Impresionismo.
 El Impresionismo fue un movimiento de gran importancia, vinculado a la Pintura y en menor grado a la Literatura, de origen francés, pero con repercusión en todo el mundo, hasta el punto de ser considerado como el iniciador del Arte Contemporáneo.
El contexto artístico y cultural en el que se desarrolla este movimiento era enormemente interesante:
A comienzos del siglo XX, París era el centro del mundo, la capital del arte. La exposición internacional de 1889 convirtió París en una urbe cosmopolita donde convivían las primeras manifestaciones de jazz llegadas de Estados Unidos, como el ragtime, con el arte japonés, las culturas exóticas, el tango… Si a ello añadimos el caos imperante en los valores morales y la conmoción que supuso la revolución rusa de 1917, se entenderá cómo la capital francesa pudo transformarse en un escenario donde un aire liberal invitaba a la experimentación técnica y al descubrimiento de nuevos caminos artísticos.
En el arte se da una especie de “rebelión contra el Naturalismo” en todos los aspectos. Efectivamente, el interés por la naturaleza demostrado por el Romanticismo había desembocado en la literatura “realista” con ejemplos como los “Episodios Nacionales” de B. Pérez Galdós o “La Regenta” de L. Alas “Clarín”, con personajes y situaciones extremadamente delimitados. La reacción como siempre, irá al extremo contrario, a buscar el misterio, la insinuación, a través de un lenguaje confuso, nada descriptivo y sí muy sugerente, donde prima la exquisitez del lenguaje y la elección de las palabras por su sonoridad y no sólo por su significado: es el Simbolismo literario de Mallarmé o Maeterlink.
Pero es en la Pintura y sobre todo en la Música donde el Impresionismo encuentra su hábitat preferido.

Son los años donde Gauguin,Renoir, Degas, Cezanne, Monet, Manet o Van Gogh sonaban con fuerza en los ambientes culturales.  

Efectivamente por entonces, además de estas ideas “antirrealistas” en todos los campos, a la Pintura concretamente le había surgido un competidor imbatible en la plasmación de la realidad, que es la Fotografía. ¿Qué sentido tiene que yo pinte un árbol, si una fotografía ya me lo representa con una fidelidad absoluta? No hay más remedio que buscar otro camino, que precisamente se aleje de esa “realidad” fotográfica: Las líneas del dibujo quedan entonces indefinidas, difuminadas, como si se tratara de una fotografía desenfocada… Tiene así más fuerza la luz que la materia. Los colores se disponen en finos puntos sobre el lienzo y los temas de los cuadros serán también menos precisos, más generales, con atmósferas cargadas de humedad, niebla… Monet (cuyo cuadro “Impresión. Sol naciente” expuesto en París en 1873 dio nombre al movimiento) , Manet, Degas, Renoir, Cezanne… son nombres bien conocidos. Estos pintores habían destacado ya con un tipo de pintura llamada “impresionista”, que antes de fijarse en los detalles, recreaba un ambiente, una impresión general de lo que se ve, y todo, a base de gruesas pinceladas. 

El contagio de la Pintura y de la Literatura llega a la Música un poco después, pero animado por la misma filosofía estética y acomodado a la nueva materia de expresión que en este caso es el sonido:

• Al igual que en la Pintura la primera víctima había sido la precisión del contorno, en música ese contorno se corresponde con la melodía que, al diluirse el sentido tonal, queda desdibujada y a la deriva. Es mucho más difícil, por ejemplo, encontrar un aficionado que tararee una melodía impresionista que una romántica.
• Se utilizan escalas exóticas, tomadas frecuentemente de folklores ancestrales e incluso de culturas lejanas geográficamente, como la escala pentatónica, de cinco sonidos o la de tonos enteros.
• También utilizan con frecuencia intervalos muy extensos, como los de novena o séptima. Asimismo, emplean a menudo sonoridades medievales por medio de acordes formados por intervalos de cuarta y quinta seguidas, acordes muy denostados en cualquier Tratado de Armonía, o bien usan directamente antiguos modos medievales. Y es que como en el caso del color en la pintura, aquí no interesa tanto que la relación entre los sonidos sea la “académicamente” correcta, sino el impacto directo del sonido por sí mismo.
• La preferencia por los pintores por temas de ambiente se traduce en nuestro caso por un tipo de música descriptiva, evocadora más bien, a partir de un poema literario, de una imagen de un panorama…
• La predilección pictórica por la luz y el color se traduce en Música por la exquisitez tímbrica, que obtiene los mejores resultados de la instrumentación y de la sutileza del sonido, por encima del virtuosismo (del piano, por ejemplo) tan característico del Romanticismo. El piano, durante el Impresionismo, exigió de los intérpretes un gran esfuerzo, debido al uso de los pedales para otorgar resonancia y color a las nuevas sonoridades.
Ya hemos dicho que se trata de un movimiento francés con repercusión universal, por eso, los compositores más significativos son de esta nacionalidad. Sin embargo, hay que señalar que el Impresionismo tuvo en España una vivencia especial, precisamente a través de nuestros autores nacionalistas, cuya formación y principal teatro de operaciones es el París de este período. Por eso, entre los autores vinculados a este movimiento, señalaremos a Manuel de Falla, que, en su estancia parisina, no pudo ser impermeable a este contacto con los impresionistas y no lo fue.
Claude Debussy (1862-1918) Alumno rebelde en París en cuyo Conservatorio se educó, ganó el Premio Roma en 1884 con la cantata “El hijo pródigo”. Durante la década de 1880, las obras de Debussy se interpretaron con frecuencia, y a pesar de su por entonces naturaleza controvertida, se le empezó a valorar como compositor. Entre sus obras más importantes cabe destacar el Preludio a la siesta de un fauno, de 1894, su primera composición orquestal madura escrita a los 32 años, y basada en un poema del escritor simbolista Stèphane Mallarmé. Su ópera Peleas y Melisande, basada en la obra teatral del mismo nombre del poeta belga Maurice de Maeterlink data de 1902 y le otorgó a Debussy el reconocimiento como músico de prestigio. Entre 1902 y 1920 compuso casi de forma exclusiva obras para piano, destacando Estampas, Imágenes (dos series) y varios preludios. También para este instrumento es Claro de Luna,  considerado como una de las piezas pianísticas más bellas. En 1909 le diagnosticaron un cáncer del que murió el 25 de marzo de 1918, en París, antes del final de la I Guerra Mundial. La obra de Debussy es el Impresionismo en sí, pues si en sus comienzos tuvo algunos devaneos “wagnerianos”, pronto encontró su camino abandonando las formas tradicionales, ampliando el concepto de tonalidad mediante el uso de escalas antiguas, modales, exóticas, disponiendo de una forma muy libre los acordes y dando una gran importancia a los timbres de los instrumentos para conseguir esa “evocación” y atmósfera sugerente característica de su obra.
Maurice Ravel (1875-1937) Es un impresionista más abierto que Debussy, haciendo gala precisamente de la independencia que reivindica el movimiento. Así, a veces superpone a las características puramente impresionistas, más visibles en unas obras que en otras (como en Juegos de agua), elementos propios de un moderno neoclasicismo bien compatible con su ansia de perfección (La tumba de Couperin, Cuarteto para cuerda), a veces incluye datos del folklore español por el que siente especial predilección gracias sobre todo a su amistad con Falla (la obra escénica La hora española, el famoso Bolero, Rapsodia Española…), o incluso elementos del jazz tan de moda en Europa por aquellos años (Concierto para piano para la mano izquierda, escrito para el pianista vienés Paul Wittgenstein que había perdido su mano derecha en la I Guerra Mundial). Para el empresario ruso Serguei Diaguilev compuso el ballet impresionista Dafnis y Cloe, aunque Diaguilev había ya escenificado arreglos de obras anteriores de Ravel como la suite Mi madre la oca. En los años 20 también colaboró con el compositor americano George Gershwin y ambos compositores se vieron influenciados mutuamente: la orquestación de la últimas obras del músico americano es más pulida y en las últimas obras de Ravel se observa una sutil influencia jazzística. Como buen impresionista es un sibarita del sonido y, por consiguiente, un gran orquestador, tal vez el más brillante del siglo, tanto de obras ajenas (Cuadros de una exposición de Mussorgsky) como propias (la mencionada Dafnis y Cloe para los ballets de Diaguilev).
En España hablar de Impresionismo nos lleva al nacionalista Manuel de Falla (1876-1946). Aunque se dice a menudo que el impresionismo es una fase evolutiva del autor gaditano (que evoluciona desde el nacionalismo hasta el neoclasicismo), lo cierto es que parece más bien una constante en él desde La vida Breve hasta su obra inacabada La Atlántida, pasando por Noches en los jardines de España, obra para piano u orquesta(1915) o el Concierto para clave y cinco instrumentos (1926), obra que por cierto ya nos habla en su título de otra característica impresionista: el gusto por los timbres de las músicas antiguas. La admiración de Falla por Debussy se manifiesta en la única obra que el gaditano escribió para guitarra: Le tombeau de Debussy.

Erik Satie (1866-1925) Fue el músico impresionista considerado más excéntrico (musicalmente hablando) y el que fue más por libre de todos. Su obra es considerada rara por algunos, encantadora por otros. Con gran sentido del humor, algunas de sus pequeñas obras para piano las titulaba con palabras que se inventaba y que no querían decir nada o con nombres como Piezas en forma de pera, Piezas frías, Deportes y diversiones o Fastidios, donde repetía fastidiosamente las mismas notas muchísimas veces. Las Gymnopedies y las Gnosiennes para piano son, además de bellísimas, unas de sus obras más conocidas.

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