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La canción más bonita. E.M.

Este texto que os dejo aquí nos habla del poder que tiene la música para acompañarnos en momentos en que la soledad nos acecha, de cómo la música nos hace sentimos vivos, de cómo nos hace más humanos…

Así nos explica su autora, Estela Mª Tovar Martín (E.M.), su afición por las letras: “Siempre he tenido una gran pasión por la literatura, y con el tiempo comprendí que ésta era la mejor forma de expresarme y de completar huecos de otras personas con mis palabras. Quizá lo haya conseguido, o puede que no… pero no dejaré de intentarlo”.

E.M. comparte con nosotros estas palabras, son oscuras y a la vez luminosas, silenciosas y a la vez musicales… 

La canción más bonita

Ella se sentía triste, aunque parecía despreocupada, la música la ayudaba. Eso la motivaba, la hacía sentir más humana, puede que llorara.

Pero por ello era más humana. Las melodías escuchaba mientras la sonrisa sobrellevaba, la luna la apoyaba cuando la noche se revelaba. Los truenos retumbaban y los relámpagos caían, gran sonido, triste melodía.

Entonces ella se fijó en que quizás era como una tormenta, tan llena de ruido, llena de demonios alborotadores, de oscuridad y sobre todo llena de lágrimas.

Tenía un gran vacío que llenaban esas melodías, pero hasta su suspirar parecía música. Su andar… podría pasar horas escuchando su manera de existir.

Aunque para ella era el mayor desastre del mundo, para mí era la canción más bonita que jamás podría oir.

 

E.M. vive en Iznate

Beethoven ante el televisor. José Hierro

Esta entrada es aportación de mi compañero y amigo Rafael Ávila, del que pronto incluiré también alguno de sus poemas. 

El que compartimos hoy es de José Hierro (Madrid, 3 de abril de 1922 – 21 de diciembre de 2002) y pertenece a su obra “Cuaderno de Nueva York” de 1998. En este mismo año le fue concedido el Premio Miguel de Cervantes. 

 

 

¿Os imagináis a Beethoven paseando por el Lincoln Center?

 

 

 

 

BEETHOVEN ANTE EL TELEVISOR

El alemán de Bonn identificaba 
todos los sones de la naturaleza:
el del mar, el del río, el del viento y la lluvia,
el canto del ruiseñor, el de la oropéndola, el del cuco.
Un día, cantó un ave, y él no oía su canto:
Fue la primera señal de alarma.

Luego avanzó implacable la sordera
hasta desembocar en la noche de los sonidos.
Compuso, desde entonces, imaginándolos.
Nunca pudo escuchar su misa en Re,
sus últimos cuartetos, su última sinfonía.

Luis Van Beethoven murió en mil ochocientos veintisiete
(es lo que piensan los desinformados),
pero yo le he visto en el Lincoln Center.
Fue en los años noventa. Ocupábamos
asientos contiguos. Yo lo reconocí
por su expresión huraña y tierna y feroz.
Y también por el desaliño de que nos hablan sus biógrafos.
Escribí en mi programa estas palabras:
«Excelente concierto». Y él asintió:
«No se moleste en escribir, oigo perfectamente».

Después, en el descanso, hablamos de su música,
(sin duda se dio cuenta 
de que acababa de reconocerlo.)
Avisaron que había que volver
a las sala para escuchar el plato fuerte,
La Novena. Pero él, van Beethoven,
dio medio vuelta y se marchaba.
«Pero, ¿precisamente ahora?» le pregunté,
«Yo regreso al hotel. Voy a escuchar
la novena Sinfonía en el televisor,
la transmiten en directo », contestó.
«¿Me permite que le acompañe?», dije
Y se encogió de hombros.

Pues aquí acaba todo.
Nos sentamos ante el televisor.
Escuchamos el golpe de batuta
sobre el atril. Silencio. Y la orquesta rugió.
Entonces, Ludwig van Beethoven
se levantó y apagó el sonido.
Ahora sí que el silencio era absoluto.

Canturreaba a veces, levantaba la mano
para indicar la entrada a los timbales
en el Scherzo. Lloró con el adagio,
enardeció cuando cantaba el coro
las palabras de Schiller.

Yo nunca podré oír, nadie podrá
lo que él oía. Finalizó el concierto.
Fue entonces cuando se levantó,
y se acercó al televisor,
recuperó el sonido.
Las cámaras enfocaban ahora
al público enardecido.
Van Beethoven oía, en mil novecientos noventa,
los aplausos que no podía oír en Viena,
en mil ochocientos veinticuatro.
BEETHOVEN ANTE EL TELEVISOR (CUADERNO DE NUEVA YORK. 1998. JOSÉ HIERRO)

 

22 de Junio de 2017

Esta segunda entrada va a ser un poco especial porque no voy a transcribir el texto que debería acompañarla. Así empezaba:

“Esta historia comienza un 16 de septiembre de 2013…”  El resto me lo reservo para mí.

Sólo quería dar las gracias desde aquí a mis alumnos y alumnas de 4º de ESO (“mi gran piña” ;D ) por emocionarme con esas palabras tan bonitas que me dedicaron y por recordarme que, gracias a  personas como ellas, esta profesión vale la pena.

No lo olvidaré nunca.  22 de junio de 2017.

Os deseo lo mejor en el nuevo camino que comenzáis, y no me cabe duda de que os irá bien en la vida porque, ante todo, sois buenas personas.

¡¡Muchas suerte!!

Los Instrumentos Musicales

En la unidad 5 trabajamos la organología, esto es, la parte de la música que se encarga de la clasificación de los distintos instrumentos musicales según su modo de producción del sonido. 

Os dejo aquí  magnífica presentación realizada por el profesor Ernesto Abad que, muy generosamente, comparte con todos nosotros. Es muy completa e interesante porque en ella hay muchos vídeos de interpretaciones en directo de gran cantidad de instrumentos:

https://prezi.com/5gevdh00mwms/los-instrumentos-musicales/

Jazz. Joan Margarit

Aquí os dejo la primera aportación de mi amiga Inma Díaz. Se trata de un poema de Joan Margarit (Sanahuja, Lérida, 1938):

“Este poeta es muy sensible y me toca el corazón. Es un arquitecto que se ha pasado la vida haciendo cálculo de estructuras y poesía al mismo tiempo. Creo que ese hijo del que habla ahora es músico de jazz”. 

JAZZ

   Nosotros lo llevamos a su primer concierto.

Permaneció muy quieto entre los dos.

El saxofón y el piano quedaron bajo el foco.

                                                          Dentro de la penumbra noté en sus ojos tímidos

                                        el centelleo de los instrumentos.

                                          La razón más profunda de la música

                                        será su abrigo contra el desamparo.

                                                Le quedará el calor de aquella hermana muerta.

                                            Y nuestra compañía. En todos los conciertos.

                                         JAZZ  (SE PIERDE LA SEÑAL. 2012. JOAN MARGARIT) 

Gracias!

James Rhodes en el festival Terral de Málaga

James Rhodes es un pianista que se ha hecho muy conocido últimamente por haber escrito un libro sobre sus memorias y las traumáticas experiencias que sufrió en su niñez. Pero Rhodes no es un pianista más. Si leéis sus libros y escucháis, o mejor, véis sus interpretaciones, os daréis cuenta de que su actitud no es ni mucho menos la del “intérprete clásico” a la que estamos acostumbrados. Su manera de ver la música clásica es la misma que tendría ante cualquier otro tipo de música, nada de estereotipos como el que se trata de un tipo de música para mayores, gente de conservatorio o gente rara… James Rhodes vive la música clásica con la intensidad y el subidón que nos produce cualquier buena canción de otro estilo.

Cuando escribí este invierno esta entrada, os dejé su interpretación al piano de la versión para clave que hizo el gran Bach  del concierto para oboe de Marcello, aunque os insistí en que si queríais ver, y no solo escuchar una auténtica “master class” de música clásica en directo,  debíais visitar algún vídeo donde explique lo que está interpretando.  

Pues bien, anoche James Rhodes fue el encargado de cerrar el Festival Terral de Málaga y,  con el teatro Cervantes prácticamente lleno,  pudimos asistir a una maravillosa saturación de notas, de escalas y sucesiones de acordes imposibles, pero sobre todo, fuimos testigos de cómo la música cura, de cómo la música te hace más feliz, de cómo ese piano (según él mismo nos confesó, si no lo entendí mal, de 170.000 €) llenaba de sonido el teatro y a la vez lo enmudecía. 

    El programa no se conocía. Rhodes nos lo fue descubriendo a medida que iba presentando su selección, aunque ya sabíamos que no iba a faltar Bach (la primera obra que interpretó de este autor fue la 1ª Partita BWV 825). Hubo momentos muy emotivos, como cuando presentó la Balada nº 4 en Fa m Op. 52 de Chopin, romanticismo en estado puro. Y luego Bach otra vez, como él mismo dijo, “el comienzo y el final de todo”… y los bises… maravillosos.

No os voy a desgranar el contenido del programa, no hace falta, eso es lo bueno. Él os lo explicará con un acento británico bastante asequible -aunque está aprendiendo castellano “despacito”, como él mismo nos cantó (sí, cantó) desde que se mudó a vivir a Madrid-.

Al igual que en la noche de los libros, cuando vino a La Térmica, volvió a ser amabilísimo en el trato con la gente (sí, lo sé, me volvió a firmar el mismo libro, qué más da :D) 

 

El último de los bises: la preciosa versión BWV 974 del Adagio del Concierto para oboe de de Alessandro Marcello, el vídeo que dejé hace meses.

 

 

 

 

Yo Yo Ma & Bobby McFerrin

Aunque este vídeo tiene unos añitos, os dejo esta joya: el violonchelista Yo Yo Ma con el cantante y director de orquesta Bobby McFerrin. Les acompañan el violinista Mark O´Connor y el contrabajista Edgar Meyer, espléndidos también.

El autor de canciones tan famosas como “Don´t worry, be happy” es conocido por el amplio rango vocal que posee (unas cuatro octavas) y también por los efectos de sonido que consigue con su voz y la percusión corporal (una especie de efecto de bajo overdrive cantando y golpeando a la vez su pecho), además de un montón de registros vocales.

De Yo Yo Ma qué se puede decir… Disfrutad de su virtuosismo al chelo: fijaos cómo se van pasando el cantante y el violonchelo la melodía principal y cómo hacen uso los tres instrumentistas de cuerda frotada del pizzicato.

Hush little baby … 

Escuchando esto se puede ser un poco más feliz.

 

Música de mierda. Carl Wilson

 No os asustéis por el título del libro.

Acabo de terminarlo por fin y se trata de una especie de ensayo sobre el “buen gusto musical” que algunos creemos/creen 😉 tener. El autor, Carl Wilson, un crítico musical canadiense, toma como objeto de su estudio a la cantante canadiense Cèline Dion, en concreto su álbum Let´s talk about love donde se incluye su famosísima My heart will go on, banda sonora de la película Titanic. 

Wilson, curioseando en internet sobre cuáles eran las músicas menos “profundas” de escuchar, encontró que casi todas tenían en común canciones de la intérprete quebequense.

¿Por qué la gente critica tanto su música y sin embargo año tras año acaba las entradas diarias de su espectáculo en Las Vegas? ¿Por qué se le acusa de sensiblera, de hacer música ñoña y sin embargo vende millones de discos?

El libro es entretenido. Hay entrevistas con fans de la cantante contestando preguntas bastante incómodas que llegan a ser graciosas, sin embargo, a mí me ha parecido demasiado enfocado en esta artista, aunque sólo sea la excusa para reflexionar por qué algunos nos creemos tener mejor gusto musical que otros. ¿Es simplemente porque no nos gusta lo que a la mayoría?

¿Tú qué crees?